Otro de los fenómenos normales
espectaculares de la naturaleza son las manifestaciones
volcánicas. Generalmente, al referirnos a la actividad
volcánica, hacemos una asociación con
grandes cantidades de fuego o de materiales en ignición
que irrumpen violentamente en la superficie del planeta.
Esa imagen es válida sólo para un tipo
de manifestación volcánica, según
veremos. Por esto, antes de conocer con más detalle
el vulcanismo, en relación con catástrofes
naturales, trataremos de concretar su definición
a fin de que nos sirva como marco de referencia.
La actividad
volcánica o vulcanismo comprende todos los fenómenos
por los cuales el magma o sus componentes, procedentes
de las profundidades, llegan a la superficie, sea en
estado gaseoso, líquido o sólido, generalmente,
con algún tipo de manifestación térmica
observable.
El vulcanismo incluye una gama de manifestaciones,
formas y productos volcánicos, tales como: las
emanaciones (fumarolas, solfataras, y otros), que son
manifestaciones gaseosas; los manantiales de agua caliente,
enriquecidos mineralógicamente y que se denominan
fuentes hidrotermales (termas, géiseres y similares).
También hay un tipo de vulcanismo denominado
intrusivo, que puede afectar superficies de varios miles
de kilómetros cuadrados. En esta manifestación,
el ascenso del magma es extraordinariamente lento (centímetros
por año), por lo cual no llega a derramarse en
la superficie ya que, a algunos kilómetros de
profundidad, gracias a su lentitud de ascenso, llega
a solidificarse totalmente. Por esto, no es espectacular
en el corto tiempo, ya que su efecto estriba en elevar
los materiales que se encuentran sobre él, quedando
al descubierto solo cuando los procesos erosivos eliminen
los materiales que elevó.
Casi todas
estas manifestaciones tienen usos benéficos para
el hombre, en aspectos como pueden ser: la extracción
minera, la medicina, los recursos energéticos
y otros.
Hemos querido dar apenas una somera
idea sobre las manifestaciones volcánicas. Para
mejorar la imagen inicialmente expresada y dado que
el objetivo de este número de BIOCENOSIS es dar
a conocer los fenómenos que provocan catástrofes
naturales, en las páginas siguientes nos referiremos
esencialmente a aquellos que se circunscriben al denominado
vulcanismo extrusivo, o sea, aquel tipo de manifestación
que mediante un conducto central o por una fisura permite
la llegada de magma o de sus componentes a la superficie,
con algún grado de violencia y altas temperaturas.
¿QUÉ
ES EL MAGMA?
Para comprender en forma más
adecuada la mecánica y el origen de los materiales
volcánicos, es necesario conocer algunos aspectos
referentes al material que provoca la erupción,
llamado magma.
Sabemos que las rocas son un agregado de minerales,
entre los cuales el más importante es el sílice.
Este, así como otros minerales, es mal conductor
del calor, el cual al acumularse, finalmente llega a
fundir las rocas con la ayuda del vapor de agua a una
alta presión. Se trata de un fluido natural muy
caliente, formado bajo la superficie de la tierra en
profundidades que van de los 10 a los 700 Km. En su
composición inicial están los minerales
que forman las rocas además de gases que, por
las presiones, se encuentran licuados en la misma solución.
Estos gases, así como algunos otros componentes,
se volatilizarán cuando el magma comience a ascender
y junto al vapor de agua que se genere, juegan un papel
muy importante en la mecánica y en las características
que presenten las erupciones volcánicas.
Sobre la fuente energética o de calor que permite
la formación del magma, existen varias teorías
y lo más probable es que no haya una sola explicación
para el origen de todas las erupciones volcánicas,
de allí que se considera conveniente mencionar
en forma suscinta las más importantes:
a) La mecánica de placas ya
analizada, tanto respecto del choque y roce de dos placas
que generan energía, como en cuanto al rompimiento
de bloques para originar dos placas entre las cuales
se desarrollan las dorsales oceánicas eminentemente
volcánicas. En este segundo caso, parece haber
una muy estrecha vinculación con la presencia
de una corriente de convección en su parte ascendente
que aportaría el calor, proveniente del interior
terrestre.
b) La radioactividad. Todas las rocas tienen alguna proporción de elementos
radioactivos. Al estar sometidas a altas temperaturas
y presiones internas, podría acelerarse el proceso
natural de descomposición atómica, liberándose
suficiente energía capaz de fundir las rocas,
originando así el magma.
c) Espesor de la columna de rocas. Se basa en la enorme presión que ejercen sectores
de la misma corteza, que pueden tener un espesor de
poco más de 60 Km. El peso de todas esas rocas,
en ocasiones, sería capaz de fundir las de la
base, originándose por este procedimiento el
magma.
Los magmas son diferentes en cuanto a su viscosidad,
lo cual depende especialmente de la temperatura a que
se encuentren sus componentes, de la proporción
de elementos volátiles y de vapor de agua.
Como se indicó, la presencia
de estos últimos dos componentes es muy importante,
ya que el magma asciende, en parte por la dilatación
propia de los cuerpos al elevar su temperatura, pero
la razón fundamental es la presencia de abundantes
cantidades de vapor de agua lo que hace al volcán
tener un comportamiento similar al de una máquina
de presión hidráulica. El magma al llegar
a la superficie del planeta recibe el nombre de lava.
LA ERUPCIÓN
Aunque luego veremos que no todas las
erupciones volcánicas son iguales, trataremos
de indicar aquí aquellos aspectos que son más
o menos comunes a estas.
De acuerdo con lo ya indicado, el magma
ascenderá cuando se den las condiciones favorables
para ellos, particularmente en cuanto a presión
y temperatura, además de la presencia de abundantes
elementos gaseosos. Como no existe magma en forma permanente
bajo un volcán, las erupciones tampoco pueden
ser un fenómeno permanente y más bien
representan pequeños momentos si se comparan
con el período de vida que en cuanto a forma
tiene normalmente un edificio volcánico.
Originado el magma, los materiales
volátiles deben ser capaces de ejercer una presión
hacia la superficie, a manera de un émbolo. Para
que el magma pueda ascender debe abrirse paso entre
los materiales que se encuentran sobre este. Esto se
va a realizar aprovechando las áreas de fracturas
preexistentes que, en el caso de los edificios volcánicos,
reciben el nombre de chimenea (principal y secundaria).
La chimenea siempre está obstruida total o parcialmente
por el magma que se solidificó en la erupción
anterior, por lo que la presión interna provocará
nuevas quebraduras, que serán percibidas como
pequeños sismos alrededor del edificio volcánico,
o como ruidos igualmente perceptibles; la penetración
del magma en el edificio provocará deformaciones
en este, y puede suceder que el volcán se hincha
y deshincha. Puede percibirse también un aumento
de la temperatura en manifestaciones líquidas
y gaseosas preexistentes, así como el aumento
de la emisión de gases.
Aún cuando el proceso eruptivo
se ha iniciado, la erupción propiamente dicha
se produce solamente a partir del momento en que la
presión interna es capaz de volar la parte superior
de la columna de magma que obstruía la chimenea
lo que, de producirse, se manifiesta como un estampido
y la proyección al aire de una gran cantidad
de materiales, entre los cuales hay' lavas, piroclastos
y magma de procesos eruptivos anteriores; lava y piroclastos
de la erupción en desarrollo; gases y diversas
cantidades de vapor de agua.
Los piroclastos más finos como
arenas y cenizas, junto con los materiales volátiles
pueden ser lanzados a más de 10.000 metros de
altura sobre el volcán y por acción del
viento ser distribuidos a decenas de kilómetros
de distancia.
Igualmente, por la violencia eruptiva y abundante presencia
del vapor de agua, se pueden formar cúmulonimbos
(nube de tormenta) sobre el edificio volcánico,
gestándose intensas precipitaciones acompañadas
de relámpagos, rayos y truenos. El fenómeno
puede revestir diversas peculiaridades, según
se verá y su duración dependerá
de la permanencia de las presiones y energía
interna.
¿QUÉ
LANZAN LAS ERUPCIONES VOLCÁNICAS?
Antes se indicó que las características
que presenta una erupción están supeditadas,
en gran medida, a la existencia de gases y vapor de
agua.
Efectivamente, la presencia de estos componentes se
usa como uno de los criterios para clasificar las erupciones
en la forma siguiente:
a) Erupciones efusivas: en las que la presencia de gases y vapor de agua es
relativamente escasa, por lo cual la lava sale a borbotones
y aunque hay pequeñas explosiones, la lava domina
y su viscosidad dependerá de la temperatura,
pudiendo recorrer varios kilómetros, si su temperatura
es superior a los 1000 ºC. Están tipificadas
por las erupciones llamadas de tipo hawaiana.
b) Erupciones explosivas: en las que por la significativa presencia de gases y
vapor de agua lo característico son las explosiones
y, por ende, la eyección de abundantes cantidades
de materiales piroclasticos, aun cuando pueden estar
presentes las lavas. Según la relación
explosiones-lava, se pueden distinguir en este grupo,
tres tipos de erupciones: Stromboliana, Vulcaniaca y
Peleana.
c) Erupciones freáticas: en
las que el agua y, en particular, el vapor de agua dominan
claramente sobre los otros componentes. Aunque puede
haber pequeñas emisiones de piroclastos y lavas,
lo característico es que se originen enormes
nubes de vapor (entremezcladas con gases y cenizas)
que, por la forma que toman durante el proceso de emisión,
reciben el nombre de plumas.
De acuerdo con esto, existe una gran variedad de materiales
que son emitidos en una erupción volcánica;
los más importantes son los siguientes:
a) Lavas: el punto medio de fusión
de las rocas es de 750 ºC por lo cual si el magma
llega a la superficie con temperaturas superiores, dará
origen a una lava capaz de escurrir por la superficie,
aun cuando no existan pendientes. Si la lava está
muy cerca de los 730 ºC estará prácticamente
solidificada, por lo cual su capacidad de escurrimiento
será muy escasa y se depositará en lugares
muy cercanos al lugar de emisión, originando
pendientes empinadas. Por este motivo y dependiendo
del valor de la pendiente y las características
topográficas, la velocidad de las lavas es muy
variable y puede ser de unos metros por hora hasta unos
20 km por hora. Siempre que se presenten en forma de
lenguas podrían permanecer con temperaturas elevadas
hasta varios meses, después de producida la erupción.
b) Piroclastos: etimológicamente,
piedras de ruego. Se ubican aquí todos los materiales
volcánicos que Son expelidos en estado sólido,
generalmente por explosiones. Estos materiales pueden
ser desde partículas finamente trituradas, como
el polvo y ceniza volcánica que, llevados por
el viento, pueden alcanzar distancias enormes, hasta
los bloques, que pueden pesar varias toneladas y que
después de describir una ruta parabólica
se depositan relativamente cerca del cráter.
El polvo, la ceniza, las arenillas
y arenas volcánicas son producto de la pulverización
de la lava por causa de explosiones de particular violencia.
Si al caer aun se encuentran en estado incandescente,
pueden cohesionarse, formando una masa compacta denominada
toba volcánica.
Los bloques son materiales sólidos
que no se han roto en el momento de la caída.
Aquí se ubican las gravas, gravillas, Iapillis
y bloques propiamente dichos. A excepción de
los últimos, son piedrecitas que, generalmente,
no sobrepasan los 5 cm, pero una lluvia considerable
de estos materiales, así como de los más
finos, antes indicados, puede provocar destrozos enormes.
Con tamaños variables intermedios
se encuentran las bombas volcánicas, trozos de
lava aún en estado pastoso que, al salir girando,
van tomando una forma de almendra estirada en las puntas,
las que por lo mismo, adquieren una forma aerodinámica.
c) Gases y vapor de agua: en toda erupción
se produce una emisión importante de gases, entre
los que dominan los de componentes sulfurosos, pero
también hay emisión de gases nobles y
hasta de los más simples como el hidrógeno.
Algunos de estos gases, a veces, dan mayor espectacularidad
a la erupción por las combustiones que originan;
porque las concentraciones con que se emiten son altamente
peligrosas.
El vapor de agua es el otro elemento que, en mayor o
menor medida, está presente en todas las erupciones,
originando nubes colectivas y precipitaciones, a veces,
de grandes proporciones.
d) Otros tipos de eyecciones, entre
las cuales tenemos: piedra pómez o pumitas; nubes
ardientes, formadas por emisiones de cenizas incandescentes
con alta densidad, por lo cual tienden a deslizarse
por los cauces naturales de los flancos del edificio
volcánico, cobrando velocidades de más
de 100 km/hora lo que sumado a las muy elevadas temperaturas
y altísima concentración de gases, les
da un poder enormemente destructivo; lahares o avalanchas
de barro, que tienen también un enorme poder
destructivo, según lo veremos en la sección
destinada a los fenómenos de remoción
en masa
LAS FORMAS DE LOS
VOLCANES
Hemos Visto que la parte superficial
de nuestro planeta es muy delgada, por lo cual muchos
autores la denominan la epidermis de la Tierra. Siguiendo
el símil, los volcanes vienen a ser como los
poros de la piel. Según esto, tienen diversas
formas y tamaños, de acuerdo con los procesos
estudiados que los generan.
No toda la actividad eruptiva se analiza
por medio de un edificio volcánico, ya que también
se puede desarrollar por grietas. De allí que
a las primeras se les denomine de tipo central en tanto
que a las segundas se les llame de tipo fisural.
Los estudios indican que la actividad
eruptiva normalmente comienzapor una grieta y luego en la medida en que los materiales
volcánicos se van apilando en torno a esta, toma forma de uno a varios
edificios volcánicos. El edificio volcánico
puede medir desde algunos centenares de metros si la
actividad ha sido breve y poco intensa a algunos kilómetros
de altura, si la intensidad ha sido significativa y
a lo largo de miles de años.
Se pueden distinguir básicamente
dos grandes tipos de formas de los volcanes:
a) la de escudo (como
un plato invertido), que corresponde a edificios constituidos,
en forma dominante, por sucesivas capas de lavas que
en su emisión tenían una gran fluidez;
y
b) la de cono que, comprendiendo varios
tipos, corresponde a un edificio volcánico constituido
en forma dominante por piroclastos y emisiones de lava
muy viscosas. Otra forma de clasificar los volcanes,
es de acuerdo con los que presentan actividad y los
que no. Según esto, se denomina volcanes activos
a todos aquellos sobre los cuales existe información
(no necesariamente escrita) en el sentido de que han
tenido actividad en tiempos históricos. Por eliminación,
el resto se denominan volcanes no activos, apagados,
dormidos o extintos.
La experiencia nos ha demostrado que
la actividad eruptiva se inicia, en algunas ocasiones,
en ciertas formas que reciben el nombre de cerro, pico,
colina, y otros, de los que, hasta ese instante no se
sospecha que se tratase de una estructura volcánica.
Por este motivo, es recomendable hablar de volcanes
v vulcanismo latente para designar aquel del cual no se tiene pruebas de actividad en épocas históricas.
¿DÓNDE SE PRODUCEN
LAS ERUPCIONES VOLCÁNICAS?
Las erupciones volcánicas no
se originan al azar y tampoco en cualquier parte de
la superficie terrestre. Según hemos visto, deben
concurrir una serie de hechos para que, de acuerdo con
alguno de los mecanismos ya indicados, se genere el
magma y se alcance una presión suficiente capaz
de hacerla ascender hasta la superficie del planeta.
De acuerdo con esto, son algunas áreas, tanto
en los fondos oceánicos como en las tierras emergidas,
las que presentan características para que los
fenómenos eruptivos puedan darse. Estas corresponden
básicamente a largos planos en los que:
a) las placas están colisionando
(compresión) o
b) en donde se están fracturando
y alejando (distensión).
Entre las primeras se encuentran: el Círculo
de Fuego del Pacífico (incluida la América
Central); el eje de sistemas montañosos terciarios
de Europa Central y Sur, que se extiende hasta el sector
de Beluchistán, en Asia; y el Gran Rift (fractura)
Africano, que se extiende desde el mar Muerto hasta
Madagascar.
Entre las segundas tenemos: la dorsal
mesopacífica; la dorsal atlántica, las
dorsales del Indico Occidental y oriental. Es, en estos
sectores, donde se concentran casi todo el vulcanismo
activo de nuestro planeta. De allí lo importante
que resulta para los pobladores que viven en estas áreas,
conocer adecuadamente este tipo de fenómenos,
porque forman parte del paisaje natural de estas.
EFECTOS DE LAS ERUPCIONES
Dada la gama de erupciones y productos
volcánicos, los efectos son también diversos
e incluso con el tiempo pueden dejar de ser perjudiciales
y transformarse en benéficos.
En general, el sector afectado por una erupción
es el que corresponde al lugar de la erupción
en el área cercana; en la medida en que aumenta
la distancia al foco de la erupción, los efectos
van disminuyendo rápidamente.
De allí que pueda decirse que las áreas
que ocupan los edificios volcánicos son áreas
de riesgo potencial permanente.
Los principales efectos de las erupciones
volcánicas pueden sistematizarse en la forma
siguiente:
a) Materiales lávicos. La corriente de lava semeja la de un río de lento
escurrimiento; por lo mismo y especialmente si es muy
fluida, tiende a deslizarse por sectores bajos y cauces
preexistentes. Por las altas temperaturas (mínimo
750°C), provoca incandescencia y combustión
en objetos que se encuentran hasta unos 100 m de distancia.
En su avance, son emitidas salpicaduras de lava al reventar
las grandes burbujas. Estas salpicaduras pueden alcanzar
varias decenas de metros. El paso de una colada significa
la destrucción total de lo existente en el curso
que siguió. Sin embargo, al cabo de algunos decenios
servirá de roca madre para la formación
de nuevos suelos en ese lugar.
b) Materiales piroclásticos.
Estas piedras de fuego de todos tamaños son emitidas
en estado incandescente y normalmente se acumulan en
el edificio volcánico, concentrándose
alrededor del cráter. Sin embargo, dependiendo,
por ejemplo, de la velocidad y dirección del
viento, así como de la dirección en que
se produce la ruptura del tapón del cráter,
pueden alcanzar distancias más lejanas y si la
erupción es lo suficientemente violenta, puede
lanzar cenizas hasta la estratosfera y repartirse por
todo el globo, como una delgada película, capaz
de hacer disminuir la temperatura del planeta.
Los bloques de mayor tamaño (de varias toneladas
de peso) caen generalmente cerca del cráter,
pero pueden rodar por pendientes y topografía
favorable, provocando pequeñas avalanchas. Los
materiales más pequeños pueden alcanzar
acumulaciones significativas capaces de hundir los techos
de diversos tipos de construcciones; obturar drenajes,
desagües, cauces. En particular, las cenizas y
el polvo volcánico pueden provocar problemas
respiratorios serios, especialmente en personas con
dolencias o dificultades en las vías respiratorias
y cuando hay una larga exposición a la inhalación,
pueden manifestarse efectos hasta varios años
después del suceso.
Cuando las cenizas son abundantes
y cubren grandes extensiones, puede significar la muerte
de la cobertura vegetal y de cultivos y, por consiguiente,
la de los animales que viven en estas. Si además
se producen precipitaciones, la ceniza se transforma
en una especie de pasta muy viscosa que impide el desplazamiento
del ganado y puede provocar su muerte por este motivo.
A los pocos años, las cenizas que cubrieron el
área de la erupción se transforman en
un elemento renovador del suelo, con la incorporación
de los elementos minerales constitutivos de la ceniza
volcánica
c) Materiales gaseosos. Todas
las emanaciones gaseosas de las erupciones son peligrosas
y la mayoría mortales, cualesquiera sea el tipo
de erupción, particularmente dos de ellas: las
nubes ardientes y las ignimbritas. Las primeras, emitidas
generalmente por un volcán; las segundas, por
grietas, tienen los efectos ya indicados para los materiales
anteriores, pero se ven acrecentados por el hecho de
que su alta densidad les hace comportarse como fluidos,
lo que les permite alcanzar grandes velocidades, si
encuentran pendientes favorables, impidiendo por esto
que se puedan tomar medidas precautorias en la emergencia.
d) Otros materiales. Corresponden a las denominadas avalanchas de barro o
lahares que configuran otro grupo, por cuanto no se
originan directamente de la erupción, según
se verá en la parte correspondiente.
LA PREDICCIÓN DE LAS
ERUPCIONES VOLCÁNICAS
Hasta el momento no existe una técnica
que permita predecir con exactitud la ocurrencia de
una erupción volcánica. Sin embargo, desde
hace muchos años, se han instalado observatorios
vulcanológicos, en diversos volcanes del mundo,
equipados con una serie de aparatos que han venido recogiendo
valiosa información, lo que ha permitido, en
algunos casos, predecir una erupción en forma
exacta, vale decir, el momento en que se iniciaría
la actividad en la superficie y el lugar por donde saldrían
emitidos los materiales.
En Costa Rica, desde 1974, se comenzó a trabajar
en forma sistemática en este campo y en la actualidad
se cuenta con una red de instrumentos telemétricos
que persiguen el objetivo mencionado.
En todo caso, es de fundamental importancia
indicar que los volcanes tienen comportamientos individuales,
por lo cual es necesario hacer un seguimiento permanente
de cada uno, más o menos a la manera de la ficha
clínica de un paciente, ya que si bien es cierto
hay algunos rasgos que son comunes a todos, existen
otros que les individualizan. Por esto, es importante
también realizar las investigaciones del pasado
de los volcanes, para determinar en mejor forma las
características que los tipifican. Con estas
informaciones y otros conocimientos es posible elaborar,
por ejemplo, mapas de riesgo volcánico, determinando
para cada área los posibles efectos que las erupciones
provocan.
En todo caso, las investigaciones han
podido establecer una serie de manifestaciones que preceden
a una erupción volcánica y que permiten
a la población y a las autoridades tomar las
medidas del caso. Entre las más significativas
están:
a) Temblores en el edificio volcánico
y alrededores, con aumento paulatino de la intensidad
(van siendo más fuertes), así como de
la frecuencia (va disminuyendo el tiempo entre uno y
otro). Esto es producto del lento ascenso del magma
y puede iniciarse semanas y hasta meses antes de que
el proceso eruptivo llegue a su clímax.
b) Ruidos subterráneos perceptibles en el área
del volcán. También deben su origen al
ascenso del magma. A veces son como ruidos sordos y,
en otras ocasiones, como traquidos secos de algo que
se quiebra.
c) Resquebrajamiento de escarcha,
hielo o nieve si la hay, hasta que finalmente se derrite.
d) Aumento de la temperatura en las corrientes de agua
que nacen en el volcán o están adyacentes
a este. Algunos cursos de agua pueden secarse o subir
su temperatura a tal punto que es posible observar algún
grado de evaporación en estas. El aumento en
la temperatura del suelo puede provocar la muerte del
manto vegetal.
e) Comportamiento anormal de los animales al percibir
vibraciones, no captadas por el ser humano.
f) Inicio de la emisión de fumarolas
o, si existían, aumento de la intensidad del
flujo de emisión y hasta cambio de su coloración
habitual.
g) Hinchazones y deformaciones en el
edificio volcánico; a veces afectan a todo el
edificio y es posible medirlas y determinar sus pulsaciones,
por medio de un instrumento denominado climómetro
o tiltmeter. En un nivel más pequeño es
posible percibir cambios en las pendientes de algún
sector del volcán y hasta la formación
de pequeños cerros.
h) Finalmente, ya cerca del clímax
eruptivo, se producen pequeñas explosiones y
hasta emisiones de cenizas y alguna cantidad de escoria,
que aumentan la intensidad y la frecuencia, en la medida
en que se aproxima el paroxismo eruptivo.
Conviene aclarar que no es necesario que se produzcan
todos estos hechos para deducir que se producirá
una erupción, ya que a veces se presentan sólo
uno o dos síntomas previos, por lo cual apenas
se tenga certeza comprobada de la existencia de algunos
de estos hechos, lo que corresponde es dar inmediato
aviso a las autoridades pertinentes.
Referencias
Cevo Guzmán, Juan Humberto. Las manifestaciones volcánicas. En:
Biocenosis; p. 40-7. 1997.
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